Como brisa nocturna, el niño flor se mueve como hoja en el viento. Consume listones del pelo de las mujeres despistadas, su mirada es un conjunto de mieles espesas y esmeraldas. Camina y a veces planea; sus pétalos no se rompen con los soplidos del otoño, y pone sus pies en suelo cuando su nostalgia lo llena totalmente.
Es como vosotros, un poquito triste. Llora a escondidas detrás de los espejos, seca sus lágrimas con su manga de polen, aunque se le ha visto secarse con el vestido de las mujeres viudas. No coparte sus emociones positivas; acumula su rabia en un pequeño frasco azul (eterno color de paz y tristeza) y algunas veces abraza a los niños que duermen al lado de las ventanas.
Ahora estoy por capturarle. Como al ave que esta a punto de dar vuelo, sin saber que un rifle le apunta a 100 metros. Mis pulsaciones aceleran, y una gota de sudor corre por mi frente. Mis piernas tiemblan, mi boca se seca; segundos de silencio marcan un suspenso perpetuo…
El sonido de mi aliento me ha delatado. Se ha escapado como la brisa de marzo; cubrió su rostro con su capa de césped, con algunas flores incrustadas y pequeños insectos. Me abstuve a mirar sus ojos, de lo contrario estaría en un estado vegetal (hermoso, no hay duda. Pareciera que la vista se esfuma y los sentidos se alteran con lentitud). Movió sus pies para tomar la siguiente brisa, y simuló al diente de león que se fragmenta en el espacio.
No pude evitar mi error; soy humano. Soy inútil. Un objeto burdo y crudo, que no tiene forma alguna. Un pedazo de masa grasosa y repugnante.
Estoy enamorado del niño flor.
Me gustó la descripción, fue un poco mas sensible.
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