domingo, 10 de octubre de 2010
Cuadro toma 1.
Del susurro de verano, resurge como piel nueva aquel conjunto de pilares en la tierra pérdida, de un sol que no ilumina los campos de la tierra occidental.
Marcas incongruentes de un rito que nadie conoce, precarias y revueltas que sienten despegarse. Y seres de un plano abstracto caminan por él, estirando los brazos cual arañas de oscuridad, arrastrando los muslos con pereza para despertar su lívido que casi se extingue.
En la lente solo puedo ver tres, pero son miles más los que transitan la estructura. Con los pies pegados y sus cabezas colgantes; que portan collares y demás ornatos preciosos. Unos curiosos miran perplejos la cámara, otros quieren tocar la tierra para poder acercarse; es como una fosa de primordiales cansados. Como una colmena de abejas muertas.
Sus pieles son blancas, como manchadas por cal y arena. Cicatrices de miles de batallas, en sus rostros, o entre sus piernas. Miradas repentinas que dan ganas de suspirar de tristeza.
El sol ya no se mueve. Se queda en ese punto de atardecer infinito. Los ojos me lastiman.
martes, 24 de agosto de 2010
Luciana Langosta
Yace bajo el agua de la laguna verde
De aquel rincón de la amazonia peruana.
Luciana langosta despistada. Quejumbrosa
Limpia sus tenazas viejas, da una mirada al mundo.
Sobre el caparazón de una tortuga somnolienta.
Y pega un brinco de arrogancia ante el intruso
De aquel rincón de la amazonia peruana.
Luciana langosta despistada. Quejumbrosa
Limpia sus tenazas viejas, da una mirada al mundo.
Sobre el caparazón de una tortuga somnolienta.
Y pega un brinco de arrogancia ante el intruso
jueves, 22 de julio de 2010
a Masaflán Oliveira
¿Cómo te describo?
Anciano ambulante de los barrios pobres, a la vez polvoriento ciudadano, armado de cañones intelectuales. Caminante de una ciudad de furia y lluvia torrenciales de verano.
Eres abrigo de terciopelo; mañana que se amanece con resaca y los cabellos alborotados. Comida caldosa de medio día, enamorado de la mujer del libro bajo el brazo Posiblemente serás un ser atascado hasta la frente de tabús y mitos de generaciones pasadas, me mostraste el circuito de la vida con curvas y prostitutas al lado. Y fue divertido en su momento, hasta que el descuido mío me recibió de golpe por otros senderos.
Pero tu misión de cristal y vejez aún no claudica en la eterna lucha por saber la existencia humana
No sé si tu felicidad pereció al encontrarme o si aquella tristeza fue carcomida y extinta entre las pláticas, los cigarrillos a media noche, y aquellos cuentos para dormir que salen de tu boca como un silbido
Aún así eres amante de la sociedad contemporánea, de las modas musicales y de las ramas desnudas de la literatura
¿Cómo te describo? Al que por segunda vez puedo decir sin chistar ni dudar “el tutor lejano e irresponsable” de mi vida adolescente
Así pues, termino el cambio de ruta porque en el fondo sé que es lo que deseas.
Anciano ambulante de los barrios pobres, a la vez polvoriento ciudadano, armado de cañones intelectuales. Caminante de una ciudad de furia y lluvia torrenciales de verano.
Eres abrigo de terciopelo; mañana que se amanece con resaca y los cabellos alborotados. Comida caldosa de medio día, enamorado de la mujer del libro bajo el brazo Posiblemente serás un ser atascado hasta la frente de tabús y mitos de generaciones pasadas, me mostraste el circuito de la vida con curvas y prostitutas al lado. Y fue divertido en su momento, hasta que el descuido mío me recibió de golpe por otros senderos.
Pero tu misión de cristal y vejez aún no claudica en la eterna lucha por saber la existencia humana
No sé si tu felicidad pereció al encontrarme o si aquella tristeza fue carcomida y extinta entre las pláticas, los cigarrillos a media noche, y aquellos cuentos para dormir que salen de tu boca como un silbido
Aún así eres amante de la sociedad contemporánea, de las modas musicales y de las ramas desnudas de la literatura
¿Cómo te describo? Al que por segunda vez puedo decir sin chistar ni dudar “el tutor lejano e irresponsable” de mi vida adolescente
Así pues, termino el cambio de ruta porque en el fondo sé que es lo que deseas.
miércoles, 9 de junio de 2010
Irene espera
En la noche de lluvia Irene espera paciente el día de mañana, mirando esa ventana que deja entrar pequeñas gotas de afuera. A pesar de que hay una obscuridad, puede distinguirse su figura joven y pálida cuando el trueno deslumbra primero y hace su anuncio sonoro segundos después.
En aquella habitación de inciensos consumidos y flores muertas, de libros viejos y objetos polvorientos, por la ventana de ese balcón se recuesta Irene en aquella silla, dando ese suspiro que desarma. Que apunta y mata sin aviso, suspiro que sale de la boca como una necesidad.
Ojos que se dilatan por la luz del rayo.
Oídos que transforman los sonidos burdos del trueno en suaves murmullos nocturnos.
Irene le teme a su boca que pronuncia el nombre de él como un conjuro prohibido, como una mala palabra, una blasfemia. Se saborea los labios, toca su pecho y piensa en rosar su sexo para llegar a la masturbación. Su pulso se detiene lentamente desenmascarando ese deseo escondido entre sus piernas.
Pero no, es llegar muy lejos.
Es arrancarse la piel y arrojarla allá afuera en el lecho de tierra y agua, es desplumar su deseo obscuro y consumirlo en este momento de penumbra y soledad de esta habitación.
Irene solo espera a mañana para poder abrir la jaula de la atracción carnal.
Irene despierta, ya es de mañana.
(música de fondo)...
En aquella habitación de inciensos consumidos y flores muertas, de libros viejos y objetos polvorientos, por la ventana de ese balcón se recuesta Irene en aquella silla, dando ese suspiro que desarma. Que apunta y mata sin aviso, suspiro que sale de la boca como una necesidad.
Ojos que se dilatan por la luz del rayo.
Oídos que transforman los sonidos burdos del trueno en suaves murmullos nocturnos.
Irene le teme a su boca que pronuncia el nombre de él como un conjuro prohibido, como una mala palabra, una blasfemia. Se saborea los labios, toca su pecho y piensa en rosar su sexo para llegar a la masturbación. Su pulso se detiene lentamente desenmascarando ese deseo escondido entre sus piernas.
Pero no, es llegar muy lejos.
Es arrancarse la piel y arrojarla allá afuera en el lecho de tierra y agua, es desplumar su deseo obscuro y consumirlo en este momento de penumbra y soledad de esta habitación.
Irene solo espera a mañana para poder abrir la jaula de la atracción carnal.
Irene despierta, ya es de mañana.
(música de fondo)...
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