lunes, 30 de noviembre de 2009

2 minutos ( cuento rápido para Paulina Van Tassel)

-Son cuarto para las doce- Exclama Van Tassel desde la silla.
-¿Segura qué aparece a esa hora?- Pregunta Sheldon tímido, frotándose las manos
-Sí, estoy segura.

La habitación de Paulina Van tassel parecía un templo polvoso y olvidado. Con imágenes bizarras y letras indesifrables en las paredes ( y a Sheldon le suena "Fond Affections" de This Mortal Coil), por el suelo vidrios y objetos rotos. En el techo, ya un foco al que se la acaban las fuerzas. Ya no iluminaba casi nada.
Solo una ventana que apuntaba hacia el norte, iluminaba un poco por la luz de luna.

Y sentada en la silla de madera, al lado de la ventana Paulina Van Tassel repetía para sí misma "Faltan dos minutos, sólo dos minutos".
Sheldon no llevaba mucho tiempo en aquel recinto prohibido; tenía el Bestiario que había creado Van Tassel. sus manos temblaban mientras pasaban las horas de silencio y obscuridad...

"abre el Bestiario en la pag 27" Dijo Paulina a Sheldon. "ahora pronuncia las palabras del gran Snidget"
Con la boca temblorosa y las manos con un extremo sudor, dijo:

¡SHENET IKSE NATHÚ-RETNAIRE SHELFOKT!

Paso un minuto. La magia de Van tassel no había funcionado...

-No ha pasado nada- Contestó Sheldon nervioso.
-Paciencia señor Melphis, mire con atención- Respondió Van Tassel sin dejar de mirar a la ventana.

Y la criatura era tal y como la describía Van Tassel en el bestiario: de escamas blandas, de rostro extraño, sin ojos al parecer, alas de cobre y plumas azules.
Pasó volando por la ventana abierta, dejando su somra en el suelo de la habitación.

De la boca de Van Tassel salió una pequeña sonrisa. Sheldon no cerraba aún los ojos.

-¿vez? Te dije que mi conjuro lo haría venir. Sos un desconfiado.
-Oh! Perdóname Paulina querida, no volveré a dudar de tí.

hasta que la siguiente criatura aparezca

viernes, 27 de noviembre de 2009

miedo blanco.

El miedo blanco recorre la piel. El aliento se vuelve frió y seco, la piel se reseca, los ojos duelen y la saliva se empieza a desvanecer. Y entonces el café se sirve...

Veo acertijos, miedos y besos desnudos en la mirada que fijas sobre el cristal. Yo no puedo verla; me derrumba la nostalgia y se me mojan los ojos. Y el cafe lo tomas con tranquilidad y neutralidad...

Siento ardor, una mordida salvaje en la muñeca, la marca de la bestia. Siento mojado entre las piernas, y luego un aire que me hace estremecer. Es la culpa que me invade. Y me miras y me dices: mira la lluvia.

Escucho el sonido de la melodía barroca, el paso frme del zapato negro sobre el suelo de azulejo. Escucho tu voz ronca y vacía, las palabras burdas y crudas que escupes como una flema dañina. Azul y repugnante. Y tu mirada se nubla y el piso se cierra.

Pruebo la saliva que compartes en mi boca, sabor a nueces y a metal salado. Me sabe rico tu nombre, pero no tu boca grosera y fétida, aquel instrumento que usas para decir sandeses y estupideses. Me sabe asqueroso mi nombre cuando tú lo pronuncias. Tu peso muerto yace sobre mis brazos.el café se enfría.

Huele al miedo blanco, al paraíso invisible. A las banderas de trapo que se cuelgan en las casas bogotánas, al pescado que huele al muelle antiguo. Huele a el oxido de tu sangre, de tu corazón podrido. Recargado en la silla. Inquerbantable el ambiente. Me termino el café.


El miedo blanco recorre la piel, destruye mi mirada, me penetra con su mordida salvaje y rabiosa. Me hace escuchar la música de la infancia retorsida, me sabe a mierda y huele a flores.

El miedo blanco eres tú.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

sin memoria

Cuando en punto dan las 2 de la mañana, escucho a bach, abro la ventana, prendo un cigarrillo( que derrepente se me antoja a estas horas por el frio, o cualquier otro pretexto estupido) y me siento cansado para ver su sotro que esta sobre un monitor polvoriento y gris.

Todo parece verse tan espontaneo, reluciente. Observo una cara que nunca habia visto en tí. Un cuerpo más joven y delgado. Una mirada obtusa y efimera; que suele cambiar en estos dias enfermos. Y me sirvo un cafe con 3 gotas de leche, y 2 cucharadas de azucar que no revuelvo. No pienso con atención, y siento que tu nombre me sabe al cafe que pasa por mis labios. Deliciosamente nocturno y embriagadoramente dulce.



Ayer fue un dia singular, te observé timido y desconfiado. Pero la noche con su suspiro lento e invisible, me hizo disfrutar la velada. Era una fiesta icompleta, perfecta para el delirio de luna y un poco de cerveza. Y en una mesita muy mona en la esquina, un poco de existencia: los platillos que anuncian bienvenida ( que poco a poco se enfrían), el cenicero que aun no sirve de nada, las botellas muertas que se esconden en una caja de plastico. Un banquete ante mis ojos adolescentes.

Podria decir que el tiempo se detuvo, pero estaría mintiendo. Derrochaste el sudor y las risas que tenias guardadas. Me miraste una vez, tan candida y trasnparente. Te mire cien veces, con mis ojos que despertaban miedo y un livido inombrable.
Y tragué saliva con alcohol para no sentir las piernas, y mire hacia un techo mal pintado tratando de encontrar mensaje ante aquellas sensaciones bajo mi piel.

Bebí y reí, un poco falso al principio, pero no derrochaba ni una pizca de incoherencia. Y empezé a descomponerme como el insecto que aun no está muerto ,pero lo han pisado. Tenía que irme y no queria.

Me despedí de todos, dejandote al último. Y como un rayo efusivo y distante, te abrazé con lentitud, mientras de tus ojos un cristal saliá como un lamento solitario.
Quize soltarme, el tiempo me comía los pies, pero no quieras mi partida; lamento tu estado deprimente y nostalgico, lamento tu emocion enfrascada que se libera cuando despides tu mente y la entregas a un espejo etílico. Lamento tu llanto en mi pecho. Lamento tu abrazo.

Un acto que tal vez olvides.( yo nunca)

Y lamento escribir mi historia, que de los ojos se me ha salido aquel recuerdo, que ahora lo veo tan lejano y brumoso.

Yo siempre obscuro.
Tú sin memoria.


Para tí, Raquel querida...